Me apesta el soniquete del sonido
de estas palabras en el yunque estribo y martillo de mi oído, todos los días el
mismo cuento y llegan las doce, unas copas y un sonido de labios rotos pegando
con los míos, no pienso pedirle cuentas al mundo, no me interesa quejarme ni
siquiera cantarle las cuarenta a la vida. No soy víctima de las circunstancias,
soy víctima de mi propio emperramiento, si te tiras al pozo sin agua, no
esperes salir volando sin un rasguño.
No quiero saber de las fulanillas
con las que ahogas los intentos, vanos de escapar de este mundo, no me voy a
comparar con cada una de tus conquistas, a cual más bonita, que me miran como
un bicho raro, ando mal, no soy idiota, no voy a llevar un cartel para
enseñarle al mundo modales.
No te arrastres, no merece la
pena, no marques metas, ni tonterías en un calendario, haz lo que te salga del
moño, cuando, como y con quien quieras,
y si al día siguiente sientes remordimientos no lo pienses, no merece la
pena.
Te cae la nieve en los hombros, a
la velocidad de un patito de goma en una bañera , caminando a casa o eso
intentas, una vez más el grito ahogado de tus pies no entienden las señales del
cerebro, te paras en la esquinas golpeas el pie y sigues, arrastras tus pies y
te persiguen tus pensamientos, llegas a la cama y duermes con un ojo abierto,
con un pequeño recuerdo del vodka en la boca y un pelo tapándote el oido, otra
noche de romería y tu sin tu cruz bendecida…
No quiero hacerte daño, el
eslogan de mi vida, hare tarjetas de visita, no te compro nada bonita, no
quiero hacerte daño, me gustas pero no eres la mujer de mi vida, pero no quiero
hacerte daño, no has conseguido aprobar pero no quiero hacerte daño, iros a
tomar por culo todos, y si el mundo como dicen los mayas se va al garete, que
vaya cogiendo el acuso de recibo, no me hace daño el que quiere sino el que
puede, que la muerte empiece a cambiar de túnica porque la que tiene, esta
roída y vieja.
No mas escusas vanas de una vida,
que maquilla los males del mundo, no mas descontrol, hoy quizás me levante
demasiado valiente o no dormí lo suficiente, no volveré a perder el respeto, ni
por ti ni por nadie, no vine a este mundo a colmar más expectativas que las
mías propias, a llenar el buche de ilusiones de corazones ajenos y a ser la
madre Teresa de Calcuta, porque ni soy tan bajita y ahora mismo soy como el
mismo demonio, enraizada con el tiempo y con las circunstancias.
No dejaré que pises el pie de mi
freno, porque en esta cuesta solo me estrello yo cuando quiera, no mas mensajes
esperando respuestas iguales, ni llamadas ni favores perdidos en un cajón
desastre, que lleva por nombre mi vida. No soy la mujer perfecta, nunca lo
pretendí, ni lo he buscado y si tu estas ciego, cómprate gafas o vete a vender
cupones, ni más alta ni más delgada ni con los ojos mas inmensos de esta
tierra, cambiaran tu parecer… pero eso ya no me interesa, hoy por fin cambia el
mío. Se acabo y punto redondo.

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